La cantina y el callejón

Joaquina C. A. L. P.
El último momento… Tarda en llegar, pero valdrá la pena.

¿Quién lo decía? 

(…) A veces me digo que a pesar de todo, llega. 

Entonces me siento muy raro. ¿Cómo decirlo? Aliviado y al mismo tiempo…  

Aterrado: A-TE-RRA-DO. ¡Vaya!. En fin…

Aquí ya no tenemos nada que hacer. (…) Ni en ningún otro sitio.

Samuel Beckett, Esperando a Godot.

Recordaré una escena de El Callejón de los Milagros, la película de Jorge Fons que se basa en la novela del mismo nombre del egipcio Naguib Mahfuz, Premio Novel de Literatura en 1988. 
   Imagina una cantina en viernes de quincena a las 2 de la tarde en los años noventa (ni idea teníamos del aislamiento ni la sana distancia), en una mesa, cuatro hombres que muy posiblemente representen grupos sociales significativos: el joyero, el dentista, el delincuente y el poeta –que simbolizan la economía, la ciencia, el crimen organizado y los intelectuales–, los cuatro reunidos en una partida de dominó, y con cada jugada lanzan un albur, no cualquier palabra, no cualquier frase, sino la que tiene que ver con el doble sentido y una connotación sexual. 
   Parece que lo único que los mantiene en la mesa, además del juego del dominó, es la sublimación de ver quien se “coge” a quién, tener el control de la vida (por lo menos es la apuesta), y cuando no se gana surge el enojo, duele perder y ser vulnerable.
   Esta representación, creo que es una metáfora de la comunicación en la vida contemporánea.
   Para Marilia Aisenstein, a través del lenguaje están en juego los deseos de las satisfacciones instintivas, es por eso que no tan fácil podemos ceder ante el discurso del otro. En reiteradas ocasiones nos enfrentamos ante un otro con el que queremos conversar, conocer qué es lo que esa persona considera con respecto a una temática en particular; la desilusión no se hace esperar, es una lucha por ver quién conoce más, ni siquiera prestamos atención a lo que el otro nos está comunicando, preparamos la ficha con una estrategia que nos permita dar la mejor jugada y en una de esas, hasta termina en una gran posibilidad de ganar el juego, festejando que fuera al contrincante al que se ahorcó la mula. 
   En ocasiones, como la escena ya citada, las discusiones que se dan en la comunicación, no son en sí mismas en torno a las diferencias que puedan existir, sino por un dolor emocional, porque la relación nos ha forzado a vulnerarnos frente a al otro, lo que anhelamos detrás de esa pronunciación es sentir la seguridad de tener la razón, no generar nuevas formas de pensamiento, no dar pie a la interrogación, movernos de postura, detenernos e indagar si fueran posibles nuevas maneras de entender nuestra realidad, romper dogmatismos, paradigmas y dejar de lado el etnocentrismo para dar paso una nueva manera de relacionarnos. 
   Así como en las neurociencias estudiamos la plasticidad cerebral (el término es aplicable en la manera de intervenir de acuerdo a argumentos discutibles, a la capacidad de comprender el pensamiento del otro e incluso, modificar el propio, es decir, adaptarnos a nuevas maneras de comunicarnos), el arte de escuchar en diversas situaciones, en donde los argumentos que se presentan difieren de los propios, puede llegar a aterrarnos, al tener plasticidad nos permite poner fin a lo absurdo de tener o no la razón.
   Daniel Gerber nos recuerda que “el Otro es ese conjunto de redes de discursos que atrapan al viviente desde antes del nacimiento para hacerlo sujeto y donde sigue presente más allá de la muerte (…) El Inconsciente es, como dice Lacan, el discurso del Otro”. 
   Muchas posturas por las que somos capaces de perder la razón, ni siquiera tienen que ver con un discurso propio, sino con esos mitos que desde antes de nacer ya nos habían transmitido. Es esta una invitación a comunicar desde la escucha, la escucha analítica que nos permite aprehender nuevas maneras de conocimiento, de conocimiento del otro, la que nos permite ser parte de un grupo humano al que creemos pertenecer al menos en una sola convivencia o evento, como del partido de dominó de la cantina de la cinta de Mahfuz-Fons.